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Qué podemos aprender del Murakami corredor (y escritor)

Foto:Crédito Dominik Butzman

Haruki Murakami es un maestro de las letras. El escritor japonés, de 68 años, ha publicado más de diez novelas, siete ensayos y cuatro relatos en sus 38 años de actividad, y desde hace ya algún tiempo está siendo voceado para el premio Nobel de literatura.

Su primera publicación la realizó en 1979. Tres años después empezó a correr. Apasionado por la soledad, el running fue la salida auxiliar para cumplir su deseo de “aislamiento”, y también sirvió para combatir un ardiente apetito por los cigarros.

“Fumaba 60 cigarros al día. Los dedos me amarilleaban y todo el cuerpo apestaba a tabaco”, comenta el escritor de la famosísima novela Tokio Blues. El hijo de un matrimonio que enseñaba literatura japonesa, encontró en el running al compañero ideal para combatir su más perjudicial adicción.

Con 33 años, el escritor decidió salir a correr. Hoy, con 68 encima, brinda una serie de recomendaciones a través de su obra De qué hablo cuando hablo de correr, que vio la luz en 2007. Aquí, el literato aborda el tema del running desde la perspectiva de la soledad.

“Soy de los que prefieren estar solo. O, para expresarlo con mayor precisión, soy de esos a los que nos les produce tanto sufrimiento el hecho de estar solos”. Pero se casó pronto, a los 22. Su momento de soledad lo disfruta ahora corriendo. “En mi interior siempre ha anidado el deseo de permanecer completamente solo. Por eso, el simple hecho de correr una hora todos los días, asegurándome con ello un tiempo para mí, se convirtió en un hábito decisivo para mi salud mental”.

 

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El literato continúa explicando las ventajas de correr y llega a la conclusión de que dejar algunas cosas de lado puede ser muy gratificante. Ni amigos, ni rivales, sólo él.

“No hacen falta compañeros ni contrincantes. Tampoco se necesita equipamiento ni enseres especiales. No hay que ir a ningún sitio especial. Con un calzado adecuado y un camino que cumpla unas mínimas condiciones, uno puede correr cuándo y cuánto le apetezca”.

Murakami también habla sobre sus deseos en la pista de entrenamiento. Su fantasía más recurrente es una cerveza helada. “Me tomo una cerveza Amstel todo lo fría que quiero. Por supuesto, está buenísima. Pero la cerveza real no está tan buena como la que yo imaginaba y ansiaba fervientemente cuando corría. No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura”.

Al final de este ensayo, Murakami llega a la conclusión de que correr es beneficioso y que, además, consiguió su objetivo de dejar, al menos un poco, el cigarro. “Si te pones a correr a diario, dejar el tabaco es una consecuencia natural. Me costó mucho, pero correr a diario y fumar es incompatible. Creo que el deseo, tan natural, de querer correr cada vez más me motivó a la hora de aguantar sin fumar y me fue de gran ayuda a la hora de superar el síndrome de abstinencia”.

El japonés relata respaldado por la experiencia, ya que ha corrido más de 20 maratones y una ultramaratón. También ha completado el tramo que separa las ciudades griegas de Atenas y Maratón. Ha dedicado casi la mitad de su vida al running.

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