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El running, ¿puede ser adictivo?

Los motivos por los que uno corre son interminables. Algunos lo hacen por mejorar la salud, o el físico, como terapia de recuperación, o para pasar un tiempo en soledad. Las razones varían, pero quizá exista un solo impulso: el placer de terminar la rutina. El éxtasis del final.

“El cerebro busca la recompensa y el alivio a través de los deportes. El deseo imperioso de practicarlo se podría deber a una reacción placentera del organismo”, comenta el psicólogo deportivo Dante Nieri.

“Si bien tenemos una connotación negativa sobre el término adicción, se debe entender este tipo de estímulo como saludable. Aunque existen algunos casos cuando el fanatismo adquiere una condición patológica donde todo se puede salir de control”, explica Nieri.

 

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Runnorexia es el término que utilizan los profesionales para determinar esa imperiosa sensación de salir a correr, que sin duda se puede volver en la droga natural de cada runner. Se deben siempre tomar precauciones con los extremos.

“Tenemos que tener ciertas atenciones con las obsesiones”, explica Nieri. “Cuando descuidamos a la familia, nuestras relaciones personales, el ámbito laboral, tenemos que recurrir a un especialista pues la actividad se puede estar saliendo de control”, detalla.

La ciencia también explica cómo es que el esfuerzo de correr puede llegar a ser placentero. Todo inicia en el cerebro. Tras terminar el entrenamiento, nuestro organismo desprende sustancias placenteras como la endorfina y dopamina. Este mecanismo es muy similar al de las adicciones a las drogas. La zona neuronal que está implicada en conductas adictivas y obsesivas es la misma donde se encaja la runnorexia. La práctica de algún deporte siempre es saludable, pero tenemos que tener cierto cuidado con las obsesiones.

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